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viernes, 9 de noviembre de 2012


Por Susan Pfferr 

En mi libro “BRIDA BAILARINA. El jardín de los gatos Sin Dueño”,  habla de sentimientos universales. Uno de ellos, la envidia, desde mi punto de vista el más mezquino.

Abraham Maslow padre de la psicología humanista, acuñó el término “Complejo de Jonás” -inspirado en el personaje bíblico-, para identificar una neurosis que habita en el ser humano: el miedo a la propia grandeza o huída del propio destino.
La lectura de esta teoría inundó su mente de interrogantes:
¿Cómo es posible que alguien tema a lo mejor de sí mismo? ¿Cómo es posible que alguien oculte su máximo potencial? ¿Cómo es posible que alguien se disfrace de  mediocre? ¿Cómo es posible que alguien huya del mejor de sus destinos posibles?
La explicación de Maslow es muy interesante y objeto de reflexión:
Igual que tememos lo peor de nosotros tememos, también, lo mejor. Los valores que producen admiración suelen provocar una sensación de inferioridad en los demás, si esa sensación de inferioridad no se manifiesta de una forma consciente por parte del individuo aplica un mecanismo de defensa: la envidia y el rechazo hacia la persona que produce ese ambivalente sentimiento (admiración – envidia.
La persona que es consciente de esta causa efecto, podrá combatirlo y, tal vez, si llega a amar las cualidades de los demás, tal vez sea capaz de amar las propias y sacarlas a la luz, porque perderá la temida consecuencia del rechazo.
Todos podríamos ser mejores de lo que somos si, en vez de malgastar nuestra energía en envidiar las cualidades ajenas, aprendemos a amarlas, admirarlas y aprender de ellas para así también reconciliarnos con las propias.
Es un acto de generosidad entregar al mundo lo mejor de nosotros mismos y, al final, siempre retorna lo que se da.
Texto de Susan Pfferr (autorizada su publicación)
 
Espero que os guste,  al igual que la historia que narra en su libro,  que intenta trasmitir autoestima y valores (lealtad, respeto, amor…..) a través de la amistad entre una niña y la gatita que adopta en un refugio.  Contando sus vivencias y travesuras diarias, enseñando lecciones y hábitos necesarios para un crecimiento interior satisfactorio, mientras entretiene sin cansar porque es un libro pensado y escrito para primeros lectores, aunque seguro que padres y hermanos mayores van a disfrutar con el y  a pedir que la colección crezca, y siga enseñando y ayudando a que nuestros niños tengan esa autoestima, de la que hemos carecido nosotros.
Felicidades Susan, que la diosa Bastet te inspire y tu pluma  nos regale nuevas historias de Brida Sin Dueño y su particular familia.
Me despido con una foto de Brida y su mamá viendo la tele de la mansión de los gatos Sin Dueño.
Silvia M. Ferrer

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